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viernes, 24 de junio de 2022

JESUS CURA AL CIEGO BARTIMEO

 



"46. Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un limosnero ciego se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo).

47. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mí!»

48. Varias personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»

49. Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando.»

50. Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús.

51. Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.»

52. Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino."

 

Evangelio San Marcos 10, 46-52



El miedo a la oscuridad está dentro de todos nosotros. Pienso esto cuando veo a mis hijos, que necesitan que esté todo oscuro para poder dormir. Se trata de una oscuridad deseada y controlada. Pero cuando hay una oscuridad que no puedes medir ni controlar, viene el miedo, de hecho, cuando tienen que ir al patio de noche no lo quieren hacer.

La ceguera es la falta de visión. La ceguera parcial significa que tenemos una visión muy limitada. Una persona con ceguera completa significa que no puede ver nada y no ve la luz.

 

Muchos de nosotros vivimos como si fuéramos ciegos, sin ver que pasa a nuestro alrededor. Otros viviendo en la oscuridad tapados por tantas cosas, vicios, dolor, sufrimiento, angustias, problemas en la familia, cosas del pasado que nos marcaron y que no nos dejan ver mas allá. Vivimos como Bartimeo una vida de oscuridad.

 

JESUS llega a la vida de Bartimeo, pero lo llamativo no es el deseo que tiene Bartimeo de escuchar a Jesús, sino lo asombroso es el deseo que Jesús tiene de curar tus heridas, te llama y te hace la misma pregunta que le hizo a Bartimeo:

 

¿QUE QUIERES QUE HAGA POR TI?

 

Lo bueno de Bartimeo es que tenía bien en claro que responder y que quería para su vida:

 

QUIERO VER!!

 

Ojalá que podamos mirarnos por dentro y sepamos que responder cuando Jesús nos llame. Y asi poder vivir una vida de GRACIA a su lado.   ¡¡¡¡Animo, Xto vive en mi!!!!

 

 


 

 

 

 

 

 

 

viernes, 22 de enero de 2016

SEMBRANDO!! Mateo 13, 1-9


Mateo 13, 1-9
"Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a Él tal multitud que hubo de subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga"

 Evangelio de San Mateo




Es la más larga de las parábolas del reino y responde a una pregunta sobre por qué se producen efectos tan distintos en los que escuchan el mensaje del reino. La gracia es igual para todos, pero la libertad humana lleva a respuestas diferentes.

Dos cositas por analizar:

Primero: probablemente, todos los que escuchaban tenían experiencia de la semilla lanzada a voleo, conocían las inquietudes por la cosecha abundante o malograda. No nos olvidemos que esta era la manera de enseñar que tenía Jesús, enseñar con sucesos de la vida cotidiana, tal es así que me puse a pensar y dije, cuántas veces hemos lanzado la semilla al voleo y casi sin paciencia esperando poder cosechar al instante y en eso muchos nos hemos equivocado. Desesperados por tener jóvenes que se acerquen a Cristo muchas veces nos hemos arrebatado y enojado porque no hay compromiso, porque nadie se la juega, porque vienen y así como vienen se van. 






Paciencia jóvenes!! la siembra es agobiante, cansadora, requiere de mucho sacrificio, muchos jóvenes fueron a reuniones por única vez y quizás muchos, a pesar de no volver, recibieron esa semilla que vos pusiste, no te canses de sembrar, de caminar, de buscar, de transmitir, seguro que algunos no te van a escuchar, te van a ignoraran. Otros te escucharan y se harán los desentendidos o dirán algo y no lo harán. Otros por el contrario te escucharan y se pondrán al lado tuyo, en la misma lucha.

Animo!!, no te canses de sembrar, muchos niños, jóvenes y adultos están necesitando de esa luz de Esperanza que los haga volver a nacer.

                         “Los que siembran entre lágrimas

                        Cosecharán entre gritos de alegría.”

                                        Salmo 126, 5



Segundo: Salió el sembrador a sembrar...”

Se cuenta que un cierto día un hombre recién convertido a la fe católica iba caminando a toda prisa, mirando por todas partes, como buscando algo. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: – - Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?” El anciano, encogiéndose de hombros, le contestó: Depende del tipo de cristiano que ande buscando. Perdone dijo contrariado el hombre, pero yo soy nuevo en esto y no conozco los tipos de cristianos que hay. Sólo conozco a Jesús. Y el anciano añadió: Pues sí amigo; hay de muchos tipos y los hay para todos los gustos: hay cristianos por tradición, cristianos por cumplimiento y cristianos por costumbre; cristianos por superstición, por rutina, por obligación, por conveniencia; y también hay cristianos auténticos...”

- ¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!”-exclamó el hombre emocionado.

- ¡Vaya! –dijo el anciano con voz grave–. Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted”.

- ¿Cómo podré reconocerle? le preguntó.
Y el anciano contestó tranquilamente: –“No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan una huella.



Jesús comienza el discurso de las parábolas con la del sembrador: Salió el sembrador a sembrar... nos cuenta y al sembrar parte de la semilla cayó junto al camino; otra parte cayó en terreno pedregoso; otra cayó entre espinas; y el resto cayó en tierra buena... Y nos narra qué sucedió con cada tipo de semilla: una no fructificó porque se la comieron los pájaros; otra se secó; a otra la ahogaron las espinas; y la sembrada en tierra buena dio una cosecha abundante. 







Cristo es el sembrador, la semilla es la Palabra de Dios, y el terreno somos cada uno de nosotros. Y aquí viene lo más importante de todo: Si el Sembrador sembró la semilla a voleo, con gran generosidad en todas direcciones, ¿por qué sólo una cuarta parte produjo buena cosecha y el resto se echó a perder? ¿Por qué no fructificaron todas las semillas, si eran de óptima calidad? La semilla de la Palabra de Dios sólo es fecunda allí donde encuentra un alma bien dispuesta y unas condiciones espirituales adecuadas. Dios siembra todos los días a manos llenas en tu alma su gracia divina. ¿Cuántos frutos está dando esta semilla en tu vida? Esa semilla no sólo representa la Palabra de Dios, sino todos los dones que Dios nuestro Señor te regala a diario, con tanta abundancia y generosidad: el don de la vida, la familia unos padres, unos hijos, unos hermanos y familiares tan extraordinarios, el vestido, el alimento, la educación, las vacaciones que ahora estás disfrutando...

Esa semilla son también todos los regalos espirituales que Él te concede gratuitamente: el don infinito de la fe, los sacramentos, la redención, la Eucaristía, la Iglesia. Y si Dios está sembrando tanto en ti, ¿cuánto le correspondes tú? ¿Cuántos frutos estás produciendo: al ciento por ciento? Dicho de otra manera: ¿Qué tipo de tierra eres? ¿Qué clase de cristiano eres: cristiano por conveniencia, por tradición, superficial, de nombre nada más? ¿o cristiano de verdad, convencido, demostrado con tus obras y comportamientos? Si no te preocupas de ir a tu Misa dominical o casi nunca haces oración, o si no te interesa recibir los sacramentos y formarte en la fe católica, es que eres un cristiano rutinario, del montón, y eres de los que reciben la semilla junto al camino. No penetra en tu alma porque la tierra está endurecida por la indiferencia. Si eres una persona que sí se preocupa por formarse en su fe y se interesa por las cosas de Dios y de la religión; si quieres un colegio católico para tus hijos y de vez en cuando vas a reuniones de espiritualidad o a asistes a algunos retiros, pero eres inconstante; y si desistes de tus propósitos iniciales apenas te surge un plan más divertido o menos exigente, es que eres el terreno pedregoso. La Palabra de Dios brota en tu corazón, pero no echa raíces, y cuando sale el sol una dificultad cualquiera, tu semilla se seca.

O, finalmente, podemos ser una tierra buena. O sea, cristianos convencidos, de los que tratan de vivir con coherencia su fe, que se esfuerzan de verdad por dar testimonio público de su ser cristiano aunque también tienen debilidades y defectos, pues nadie es perfecto en esta tierra; que buscan ayudar a los demás y ser apóstoles en su medio ambiente; que oran, que procuran vivir cada día más cerca a Dios a través de la gracia santificante y los sacramentos; que se esfuerzan por crecer en su fe y aman de verdad a Jesucristo, a la Iglesia, al Papa, a la Santísima Virgen, y luchan para que otros también lo sean. Ése es un cristiano auténtico, que produce una buena cosecha: frutos al ciento por ciento, al sesenta o treinta por ciento. Si somos de éstos, no será difícil que nos reconozcan, porque un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo. Allí donde van, siempre dejan una huella. Por sus frutos los conoceréis nos dijo Cristo. Se nos reconocerá por las obras. No dejes de responder a esta pregunta que te dirige Cristo hoy: ¿Qué tipo de tierra eres? ¡Ojalá que de esta última! Y seguro que al sembrar la cosecha será abundante.

                                                               Animo!!



                                                    Cristo cuenta Contigo!!




jueves, 7 de enero de 2016

SERVIR!! Mateo 20: 26 – 28



Mateo 20: 26 – 28

“El que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. Porque, del mismo modo el hijo del hombre no vino para que le sirvan sino para servir.”

Evangelio según San Mateo



¿Quién quiere ser sirviente? Una pregunta que muchos no se animan a responder, ya en tiempos de Jesús era difícil, hoy en día mucho menos. Servir es sembrar buenas semillas. Servir es atender a cualquiera que nos necesite, sin importar si pueden o no devolvernos el servicio. Servir es sembrar siempre sin descanso, aunque sólo sean otros los que recojan y saboreen las cosechas.






Servir es mucho más que dar lo que tienes en tus manos, es dar desde nuestro corazón lo que tal vez a nosotros nunca nos dieron. Servir es brindar afecto, bondad, cordialidad, apoyo moral, amor por sí mismo y a veces, ayuda material. Servir es repartir alegría, es infundir fe, dignidad, admiración, respeto, gratitud, sinceridad, honestidad, libertad, optimismo, confianza y esperanza. Servir es en verdad esa actitud y predisposición de querer dar más de lo que hemos recibido en la vida y de la vida.

Dios te creó con un propósito, eres una obra de arte hecha por las manos de Dios, eres único, no has sido fabricado en serie, en una línea de producción o ensamblado en cantidades industriales, eres un diseño único hecho a medida, Dios no solo te formo antes de que nacieras sino que planeo cada día de tu vida, para que sirvieras y le sirvieras a Él. Por eso cada instante de tu vida no pasa porque si, cada momento es especial, por lo tanto debes vivirlo a pleno.








Dios no desperdicia nada. Él no te daría habilidades, intereses, talentos, dones, personalidad y experiencias a menos que tuviera la intención de usarlos para su gloria. Si identificas y entiendes esos factores puedes descubrir la voluntad de Dios para ti. Y por último no te olvides que servir con alegría es dejar huellas en la vida de los demás a través de tu testimonio de vida. 








Animo!!

Cristo cuenta contigo!!